Etiqueta: respuesta fisiológica al stress

(En www.capitalemocional.com)

Tragedia en Huelva por el asesinato de una joven a manos de su ex novio, que se quemó después.
» La abuela de la victima falleció de un infarto al conocer la noticia».

(Nota de prensa publicada en ABC, edición de Sevilla, el día 23 de octubre de 2004)

El Estrés no es una enfermedad pero, en su mayor expresión, puede acabar con la vida de una persona. No cabe la menor duda y los hechos narrados a continuación, irrefutables, nos pueden dar una clara muestra de tan fatal efecto.

En una ocasión leí el siguiente relato que el muy reconocido psicoterapeuta gestáltico argentino, Jorge Bucay, incluía en su libro EL CAMINO DE LAS LÁGRIMAS, a propósito de los duelos por muerte.

«Hace muchos años, mientras yo era practicante en la guardia médica del Instituto de Cirugía de Haedo, recibimos una llamada para atender una emergencia en una casa cercana al hospital.
Dos médicos, una enfermera, el camillero, el chofer y yo nos subimos con el equipo de resucitación necesario a la ambulancia y en menos de cinco minutos llegamos a una humilde casa del barrio.
Entramos al cuarto de la enferma, una mujer de unos 70 años en paro cardíaco. Lamentablemente no hubo mucho para hacer y pese a todas las maniobras confirmamos que el hecho era irreversible.
Con dolor le contamos a la hermana de la paciente, que estaba en el cuarto, que no había nada más que hacer y que íbamos a llevar el cuerpo al hospital para los certificados y trámites.
La señora salió del cuarto y le dijo a un señor que según nos enteramos después era el marido de la mujer fallecida:
– María murió
El hombre palideció. Se dejó caer en una silla de mimbre y dijo:
– Me quiero morir…

Esas fueron sus últimas palabras. Nada pudimos hacer los seis profesionales presentes, ni el equipo que traíamos, ni la posibilidad de trasladarlo de inmediato. El hombre dijo «me quiero morir» y se derrumbó. Dadas las condiciones de la muerte, se hizo una autopsia de su cuerpo que arrojó un resultado que todos preveíamos: Estallido cardíaco!. La muerte de su compañera le había ROTO EL CORAZÓN…literalmente»

A pesar de lo natural, incontrastable e inevitable de la muerte, ésta es una dolorosa experiencia. La abuela aludida en la prensa no tuvo el corazón suficiente para soportar la noticia y murió al conocerla, y como en el caso del hombre del relato, la muerte del ser querido precipitó la propia. Es lo que se conoce como síndrome del «corazón roto», la consecuencia más exagerada y definitiva que un suceso vital estresante puede producir.

El estrés emocional repentino, causado por ejemplo por la muerte inesperada de un ser querido, puede provocar una muerte súbita cardíaca o dar lugar a una debilidad grave del músculo cardíaco muy similar a la producida por el infarto de miocardio; Sin embargo, esta afección, reconocible como entidad nosológica, es un evento cardíaco provocado por estrés. Así que un poco de luz sobre lo esencial, lo que distingue al llamado síndrome del «corazón roto», ayudará a no confundir ambas patologías.

Esto que se conoce como miocardiopatía por estrés o, más popularmente, como síndrome del «corazón roto», en realidad se trata de un episodio producido por un incremento de la adrenalina y otras hormonas de estrés cuyo aumento afecta gravemente al corazón.

La respuesta fisiológica al estrés -modelo de adaptación hostil-ambiental- constituye uno de los mecanismos de supervivencia más sofisticados del cuerpo, y es que al igual que muchos animales, los seres humanos experimentan reacciones automáticas necesarias para la adaptación y supervivencia, como temblar cuando hace frío o eludir el dolor físico mediante un acto reflejo.

La reacción del cuerpo frente al estrés tiene lugar en forma de una compleja secuencia de cambios físicos, en la que también intervienen el cerebro y las glándulas suprarrenales. El cerebro evalúa una situación y «decide» si es o no estresante. En caso afirmativo, se activa la liberación de las «hormonas del estrés», cuyos efectos en el organismo son múltiples, por ejemplo, el ritmo cardiaco se acelera y los músculos se tensan preparándose para la acción.

En la bibliografía médica es fácil encontrar estudios que ponen de manifiesto que algunas personas pueden responder al estrés emocional súbito liberando grandes cantidades de catecolaminas -en especial adrenalina y noradrenalina- en el torrente sanguíneo, junto con otras sustancias y proteínas producidas por un sistema nervioso excitado. Esas sustancias pueden ser tóxicas para el corazón y producir síntomas similares a un infarto, como dolor torácico, fluidos en los pulmones, respiración corta e insuficiencia cardíaca.

Los clínicos estudiosos del tema en cuestión observan que la mayoría de los casos de «corazón roto» en sus hospitales corresponden a mujeres de mediana edad o edad avanzada, y dan cuenta de que estas pacientes presentan características clínicas distintas de los típicos casos de infarto de miocardio, puesto que la mayoría estaban previamente sanas y/o presentaban pocos factores de riesgo cardíacos. Por ejemplo, los cateterismos coronarios no mostraban las arterias ocluidas y los parámetros analíticos no indicaban signos típicos de infarto. Y lo que es más relevante, las resonancias magnéticas practicadas confirmaban que las pacientes no presentaban daño irreversible del músculo cardíaco y, además, su recuperación era mucho más rápida que en pacientes con infarto de miocardio.

En gran medida es la vulnerabilidad-estrés el factor determinante de las consecuencias en estos casos, y……… a veces, estas consecuencias pueden ser insuperables para la persona.

 
Manuel Sotillo Hidalgo