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De las cosas que decimos ... y de las otras que guardamos ...!

Publicado el 2014-04-03 en Coaching Personal

Por qué hago esta distinción tan categórica? Porque todos tenemos juicios, -es decir ideas, opiniones, interpretaciones-, sobre cómo son las cosas, las personas y el mundo que nos rodea. Miramos la realidad “atrincherados” desde esos juicios, como si usáramos un par de anteojos que nos enfocaran sólo determinadas cosas del mundo, las que “nos permiten ver”. Si tenés un problema, y creés que NO podés resolverlo, seguramente NO LO HARÁS, porque no vas a ver solución alguna para ello, aunque el mundo, -a los ojos de otra persona-, te esté ofreciendo distintas alternativas para ello. Simplemente NO LO HARÁS, porque el PODER DE TUS JUICIOS lo ha determinado así de antemano. El ser humano tiene un extraordinario PODER … que se lo da la forma en que mira el mundo. Nuestras conversaciones cotidianas con la gente están llenas de juicios que nos abren “universos para conversar”, o nos los cierran inevitablemente. ¿Qué te parecería, por ejemplo, este inicio de conversación, con algún conocido: -“Aquí tendríamos que cambiar la forma de trabajar, pero ya sabés, al jefe no se le puede plantear nada …”? A todos nos resulta necesario repensar, muchas veces, cómo vamos preparados a conversar con los otros sobre las cosas que realmente nos importan. Y cuando digo preparados, me refiero a habernos cuestionado sobre los juicios que estamos sosteniendo y las emociones que estamos teniendo, o cómo decimos irónicamente, que a veces nos tienen a nosotros …en el juego de la vida que jugamos en nuestra familia, con nuestros hijos, pareja, en nuestro trabajo, con nuestros pares, socios, gente a cargo, con nuestros amigos, vecinos, etc. Y sólo para abrir este juego de juicios y emociones te pregunto: ¿No te ha ocurrido la situación de estar conversando con alguien, y al mismo tiempo preparando la respuesta que le darás, en lugar de escuchar atentamente lo que dice? ¿Cuántas veces pudiste asegurar de antemano, que el otro te respondería que NO a algún pedido tuyo, aún antes de hacérselo, y pese a tus esfuerzos por convencerlo de que lo aceptara? ¿Has hablado con alguien, recientemente, que te ha prometido algo que vos sabés que no va a cumplir, pero no sabés cómo manifestárselo? Y aún más, ¿has dejado, en algún momento, de decir lo que sentías o pensabas, por temor a enfrentar la respuesta del otro? NO TE PREOCUPES SI CONTESTASTE AFIRMATIVAMENTE ALGUNAS DE ESTAS PREGUNTAS, O AÚN TODAS … Ello no es un signo de debilidad personal, sino más bien de AUTORRECONOCIMIENTO: a esta altura ya sabés que podés modificar mucho de la RELACIÓN CON LOS OTROS, si cambiás LAS CONVERSACIONES QUE TENÉS CON ELLOS. Para lograrlo, empecemos por algunas premisas: Las emociones que sentís, -tanto las positivas como las negativas-, tenés que manifestarlas, contarlas, con el cuidado y respeto por el otro, y obviamente, por las emociones de éste. Esto aclara las posibilidades de intercambio que tendrás: si estás, por ejemplo, enfurecido o shockeado por una situación que te desborda, lo mejor es que lo digas y acuerdes dejar la conversación para otro momento. Las conversaciones que no se pueden dar espontáneamente, requieren una CONVERSACIÓN PARA POSIBLES CONVERSACIONES: sea en el ejemplo anterior, o en cualquier otra situación, es necesario explicitar qué nos impide hablar aquí y ahora (el tiempo, el lugar, el contexto que nos rodea, nuestros propios juicios, lo que sea), y qué circunstancias se tienen que dar para un exitoso encuentro posterior. Finalmente: hemos rodeado gran parte de lo que a esta altura debés estar adivinando: que la clave del Coaching consiste en PONER EL LENGUAJE A DISPOSICIÓN DE NUESTRO PODER DE HACER